-”La sangre de los crucificados”. La acción
se ambienta parcialmente en Zamora, afines del siglo XVII.
¿Usted también se apunta a la moda del thriller
histórico, con intriga y recreaciones?
Sí, pero no se trata de una moda. Yo creo que existe
mucho thriller histórico, pero poca novela de intriga
bien argumentada
-¿Cómo se imagina la ciudad de Zamora en
1682?
Pequeñita... Acabo de llegar y hay una tarde de niebla.
He cogido la cámara y me he dado una vuelta por el
casco antiguo para realizar unas fotos. No había
nadie. Así, Fernando de Zúñiga puede
aparecer en algún momento en alguna esquina. Esa
zona constituye una delicia. Me imagino que no habrá
cambiado tanto. Es una ciudad preciosa.
-¿Un tiempo corrupto o decadente?
Decadente. No hay ni dinero para corromper. España
languidece y se desmorona, el imperio se desgaja, el país
se halla en manos de un rey -Carlos II- débil física
y psíquicamente. Una piltrafa humana. Su madre, la
reina regente, no está preparada para gobernar. Existe
hambre, los niños mueren muy pronto... Un país
muy triste y sombrío.
-Final del Siglo de Oro. ¿Su obra quita luces a
ese período, es -de alguna manera- revisionista?
No. La gente de aquella época era muy supersticiosa
y temerosa de Dios. “La sangre de los crucificados”
se basa fundamentalmente en la intriga. Yo no he intentado
ir más allá del contexto histórico.
He procurado sí, imaginarme en aquella época
y trasladar las sensaciones y los propios olores de entonces.
-Ha llevado elementos actuales al tiempo aquel.
Sí. Sobre todo, para tener la capacidad de sentirlos,
con el fin de alcanzar ese punto de verosimilitud en la
historia.
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